Aunque estemos lejos
Al escucharte a mi lado hablar aunque estemos distantes, te conviertes en mi obsesión, que destruye mi mente, con pensamientos un tanto lascivos de las experiencias corporales. Antes se había creado un arco iris de emociones que pausaron mi soledad, esas creadas con las distintas gamas de la comunicación humana, sonrisas, bromas, gestos auditivos y palabras escritas, que motivaron a mi corazón y esperamos las mismas cosas.
Viaje en el tiempo y en el espacio e iniciando la búsqueda de esa olla llena de oro; que se camaleonizo por medio del sonido de tu voz que adquirió cuerpo y aroma, humedad, frió y calor intenso.
El trato sublime de la paz de tu esencia y la seguridad de tu presencia me cobijan y me siento tranquila entregándome a complacerte en lo que antes mencionaste deseabas.
Por fin pude ver tus ojos tan cerca de los míos, recibir tu aliento y el toque mágico de tus manos, te lleno de besos y froto toda tu piel con mi boca, observando el castillo que se levanta al final del desierto de tu vientre, plano y llano. Será que en ese castillo se encuentre la famosa olla de oro?
Sigo buscando la formula, husmeando por a tu cuello, tu cara tu pecho, colmándote de lisonjas que garantizan el preciado tesoro. Interiormente, la emanación que provoca la excitación me hace pedirte que agotes mi sed. Y por fin disfruto el trofeo de mi búsqueda, alejando de mi cualquier sensación de la realidad.
El hábitat del éxtasis surge y hace de un instante una eternidad, que invita a cerrar los ojos y soñar una vez más.
El amanecer nos lleva a encontrar un color esmeralda y azul en un hueco de la tierra con agua, en medio de un terreno desértico, sorprendente! pero existe.
El aire nuevo y su aroma sin sentido, complementan esa paz interior que me ha otorgado tu contacto.
Y entre ese espacio un rico sabor a chocolate, con esa mirada llena de excitación y un respirar agitado, despacito se levanta un iceberg en medio de un frió artificial, que es agotado con un derrame de gozo, que une bocas.
Hoy de nuevo la luna llega, lejos de aquel panorama plasmado de montañas cafés y árboles tristes como un nogal, que miro alejarse con nostalgia.